2. El Paleolítico peninsular

 Los primeros habitantes de la península no cultivaban alimentos y dependían de la caza, pesca y recolección de frutos para sobrevivir. Eran nómadas, desplazándose según la migración de animales o condiciones climáticas adversas. Su organización social era colectiva, viviendo en pequeños grupos sin una clara división del trabajo o jerarquía social.


a) En el Paleolítico Inferior, se han descubierto significativos vestigios, desde cantos golpeados para crear filos hasta bifaces tallados por ambas caras, junto a restos de animales que constituían la dieta de los seres humanos. Los yacimientos notables de Torralba y Ambrona (Soria) destacan por contar con numerosos restos de elefantes, rinocerontes, caballos, ciervos y bueyes, cuyos huesos se han empleado para la fabricación de herramientas. 

b) En el Paleolítico Medio (100.000-35.000), habitado por el Homo neanderthalensis, se han descubierto restos de herramientas (raederas, puntas denticulados, cuchillos) y de animales en cuevas distribuidas por las zonas montañosas de la península. Lugares destacados con importantes vestigios de herramientas incluyen las cuevas de El Castillo (Cantabria), Lezetxiki (País Vasco), Peña Miel (La Rioja) y L'Albreda (Girona). La práctica de rituales funerarios está bien documentada en diversos yacimientos como el Cueva de Morín (Cantabria).


c) En el Paleolítico Superior (35.000-5.000), se encuentran restos humanos muy similares a los del Homo sapiens, con un notable perfeccionamiento y especialización en las industrias líticas. Se destaca el uso de nuevos materiales como el hueso y el asta, así como la aparición del arte rupestre y mobiliar. Entre los numerosos yacimientos de este periodo, sobresalen Las Caldas y Tito Bustillo (Asturias), Parpalló (Valencia) y Urtiaga (Guipúzcoa).

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