5. La Edad de los Metales

Durante el tercer y el segundo milenio a.c., un hito crucial en la historia peninsular fue la implementación de una innovación tecnológica de gran relevancia: la adopción de la metalurgia del cobre en sus inicios, seguida posteriormente por la del bronce. Los comienzos de esta práctica se vinculan con la aparición del megalitismo, caracterizado por tumbas colectivas construidas con imponentes bloques de piedra. Regiones destacadas por la abundancia y magnificencia de sus megalitos son Extremadura y Andalucía. Entre los más renombrados se encuentran los monumentos megalíticos de Menga, Los Millares, Viera, El Romeral o la Pastora.


La implementación de sistemas de riego, la aplicación de abono en los campos y la adopción del arado fortalecieron el papel fundamental de la agricultura en la alimentación humana, facilitando así el proceso de sedentarización. Las comunidades se establecieron en sus áreas de cultivo y erigieron poblados fortificados, como el caso de Los Millares en Almería, cuyo inicio data de alrededor del 2.400 a.c. En estos sitios arqueológicos, junto a herramientas de piedra y hueso, se han descubierto hachas, punzones, puñales y cuchillos de cobre. Además, se observa la presencia de una nueva forma de cerámica en estilo de campana invertida, conocida como vaso campaniforme, que se cree que se extendió por toda Europa y se vincula con el comercio de metales.


Alrededor del 1.700 a.c., se evidencia el cambio de la metalurgia del cobre a la del bronce en la cultura de El Argar en Almería. Esta cultura ocupaba extensas áreas en el sureste peninsular, abarcando las actuales provincias de Murcia y Almería, y extendiéndose hacia Alicante, Granada, Jaén y Albacete. Los poblados exhiben una estructura protourbana, caracterizada por casas rectangulares, junto con una clara jerarquización social que sugiere la presencia de líderes comunitarios. Esto se refleja en las tumbas con ajuares que incluyen armas, indicando una sociedad guerrera, y son considerablemente más opulentas que las de la época del cobre.


En ese mismo periodo, surge la cultura talayótica en las Islas Baleares, destacada por la edificación de murallas ciclópeas y la construcción de megalitos distintivos, como los talayots (torres que flanquean recintos amurallados), las taulas (mesas con función incierta) y las navetas (estructuras en forma de nave invertida con propósitos funerarios).


Al llegar al final del segundo milenio, la Península Ibérica experimentó notables transformaciones. Por el Mediterráneo, fenicios, griegos y cartagineses empezaron a arribar a las costas levantinas, mientras que pueblos indoeuropeos penetraron a través de los Pirineos, estableciéndose en el norte peninsular (Galicia y Asturias), y dando origen a la cultura de los castros. Estos eventos contribuyeron a la difusión de la metalurgia del hierro y la escritura en la región.

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