Hace alrededor de 7.000 años, surgieron en la Península Ibérica las primeras sociedades neolíticas. En estas comunidades se comenzó a cultivar alimentos (agricultura y ganadería), a fabricar cerámica y a producir los primeros tejidos. La adopción de la agricultura llevó al establecimiento de asentamientos permanentes (poblados) para gestionar el desarrollo de los cultivos.
El surgimiento del Neolítico en la Península Ibérica parece derivar tanto de la influencia de corrientes culturales llegadas a las costas mediterráneas desde Oriente Próximo como de la evolución gradual de las culturas locales en interacción con esas nuevas influencias.
1) Durante la primera etapa del Neolítico, el desarrollo se centró principalmente en la región Mediterránea, destacando la costa valenciana con sitios significativos como la Cueva de la Sarsa y la Cueva de l'Or. Los asentamientos se ubicaban mayormente en cuevas y se caracterizaban por la fabricación de cerámica cardial, elaborada con conchas de molusco (cardium edule). Además, se evidencia la presencia de los primeros utensilios relacionados con la agricultura, como hachas, azadas de piedra pulida y molinos. Hay pruebas de cultivo de trigo, cebada y leguminosas, así como de la domesticación de animales, especialmente ovejas y cabras.
2) Entre el quinto y tercer milenio, tuvo lugar una significativa segunda fase en estas comunidades de pastores y agricultores. Durante este periodo, los asentamientos no se limitaron a zonas montañosas, sino que se expandieron hacia las tierras fértiles y bien regadas de los llanos, donde establecieron poblados estables. Un rasgo distintivo fue la proliferación de sepulturas organizadas por primera vez en necrópolis, ubicadas alrededor de los poblados. Estos sepulcros de fosa, cistas o de corredor albergaba a los difuntos, acompañados de un ajuar funerario. Un ejemplo notable se encuentra en el yacimiento de Bòvila Madurell en Cataluña.
Debido a la necesidad de gestionar una organización del trabajo más diversa y abordar el excedente alimentario, las estructuras sociales experimentaron una mayor complejidad. El descubrimiento de objetos de prestigio en tumbas sugiere una posible jerarquización social, destacando la variscita, una piedra verde utilizada como ornamento. Este mineral señala también la existencia de minería y comercio a distancia considerables, como evidenciado por las minas de Can Tintoré en Gavá, Cataluña, las galerías mineras más antiguas de Europa para la extracción de variscita.




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